Whisky

Publicado: agosto 5, 2011 en Amor, Whisky

La única manera que Ella tiene de sobrevivir a la impuntualidad de Él, es tomando varias copas de whisky. La puedo ver ahora, en el bar de un hotel (cualquier hotel, no importa el nombre), jugando con su celular, anotando tonterías en su agenda, esperando su presencia.  Sobreviviendo a la falta que le hace su olor, su piel, sus caricias. ¿Cuánto tiempo más habrá de esperarlo?

Los dos son hipertensos…

Publicado: noviembre 1, 2010 en Uncategorized

¿Será porque sus corazones tenían prisa por encontrarse?

Ayer, Él le escribió esto a Ella…

Publicado: octubre 29, 2010 en Uncategorized

Nos reencontramos y a los dos se nos dio la gana invertir nuestro amor, no el momentáneo sino el que le sobra a nuestros años, en un palacio llamado nosotros.  Y aquí estamos. Te sonará estúpido, pero tengo más fe que prisa. ¿Por qué? Por  el tamaño de lo que siento. Porque ni la vastedad ni la fuerza del océano pueden negar o esconder el nacimiento volcánico de un paraíso.

Creo en nosotros. Sin destruir. Pero en nosotros. Ahí está nuestro paraíso, nuestro palacio.

ESTÁN LEJOS…

Publicado: octubre 26, 2010 en Uncategorized
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Él y Ella viven lejos, pero epidérmicamente están a un paso de distancia.

Ella marca su teléfono y le pregunta, antes de conciliar el sueño:

-¿Cómo sabemos si esto es amor o sexo?

Él responde desde la certeza:

-Ojalá nunca lo sepamos.

Y agrega:

-Muero de ganas de vere. De borrar el mundo de mi piel contra la tuya.

Ella no responde. Se ha quedado dormida, soñándolo.

 

 

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Publicado: octubre 25, 2010 en Uncategorized
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Ella sonríe -porque no puede evitar sonreír cuando lo mira a los ojos- y en ese momento Él dice que tiene unos dientes peciosos. ¿Mis dientes? Sí, sobre todo el incisivo, éste: es travieso, juguetón. Entonces, sin importar que estén en un lugar público, en ese restaurante donde se citaron para delinear su futuro. Ella le acerca la boca ligeramente abierta para que Él se quede a vivir en sus labios, por siempre.

Esa mañana, Él bajó las escaleras oliendo a Ella. Caminó por la avenida sintiéndose dueño de su vida, ligero, con ganas de tener una guitarra para ir tocando y cantando. Entró en una cafetería; fue el primer comensal. Se le notaban los besos en la mirada y el whisky en la sonrisa. La mesera lo atendió, mientras en su cabeza sonaba una canción: Blackbird. En tanto esperaba su desayuno, imaginaba que Ella estaba enfrente. Le susurró: Tus ojos son un mar al que reconozco y en el que nunca me he sumergido. Más tarde llegó a su hotel, se tiró sobre la cama y pensó, mientras su cuerpo se fue hundiendo despacio en una sensación difícil de describir pero parecida a la certidumbre de haber encontrado algo esencial.

¿Cómo empezó tu historia?

“Hay una gran diferencia entre venirse y alcanzar un clímax, llegar en cuerpo y alma hasta donde la razón no llega.”

Este es un libro divertido, sensual y apasionado… pero también peligroso. Muestra el mundo de Él y Ella, dos personas con pareja, hijos, responsabilidades, vidas hechas que han perdido brillo. Hasta que un buen día se reencuentran, se aventuran a gozar de un placer prohibido… y ese paréntesis se vuelve posibilidad de un futuro que los aterra y les fascina. Podremos espiarlos en su mayor intimidad, peor también ser sus cómplices, mirarles el alma, morderles el nombre que no tienen y llegar a la conclusión de que, como ellos, somos capaces de arrojarnos sin salvavidas en un mar bravo pero prometedor.